Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

CORAJE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL CORAJE

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto CORAJE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 de MAYO

Relatos

49. El vientre

I- El instinto

Aunque de forma inconsciente, tuvo que sentir, con esa vaga sensación de irrealidad ante las expectativas que se abren, que allí estaba toda la felicidad posible, todas las emociones por disfrutar, todos los deseos y los sueños, todos los sentimientos, anhelos y ambiciones con sus infinitas posibilidades. Todo. Todo por descubrir desde la oscuridad conocida hasta la luz que era su meta. Tenía que ser el instinto. Miles de generaciones no podían equivocarse. Y cuando llegó el momento, se colocó en la posición adecuada. Había acabado la eterna espera. Nada, nada iba a impedir que disfrutase del tiempo regalado, y si tuviera que luchar, lo haría con cualquier arma disponible para que nadie pudiera arrebatárselo.

 

II- La vida

«Es otra hembra, mi señor», dijo con voz ahogada la partera.

«Maldito vientre estéril», se le oyó susurrar entre dientes en el silencio embotado que se había adueñado de la alcoba de la reina. Y salió desesperado dando un portazo que retumbó con rabia e impotencia en todos los confines del reino.

En ese momento, la recién nacida rompió a llorar.

48. ¿Que no hay luz? A tientas, coño. ( Jodido, ma non troppo )

No hay ápice de épica en sus ojos. Se enfrenta al muro con el hábito como segunda piel. Desnudo. No lo piensa.
Primero el pie derecho. Pone el empeine en contacto con el muro. Frío. Húmedo. La mano buena se apoya donde puede para inclinar el cuerpo a un lado y ayudar al pie en su ascenso lento sobre la superficie vertical. Mas inclinación. Mas fuerza. Por fin el muro se acaba y el pie pasa al otro lado con el ímpetu de la presión sin resistencia. El sonido escurrido no llega a sus oídos ahogado por sus jadeos.
Ahora el izquierdo. Pega la mejilla en esa parte firme que aguantará su peso. Igual de fría y húmeda que el muro que tiene que superar. Así no. Mueve el pie derecho. Recoloca la cara. Ahora sí. La pierna se eleva despacio. Mas inclinación. Mas tensión. Mas peso sobre la mejilla. Consigue rebasar la cima lamiéndola con el pulgar.
Despega la cara del azulejo y su mano buena se impulsa en el inodoro. Con ella coge la alcachofa y la cuelga de la mano mala. Abre el grifo y de sus labios brota un canturreo que pronto se convierte en canción.

47. Conjugando tiempos (Juana María Igarreta)

¿Cómo iba a esperar Amalia, tras recorrer medio mundo como fotógrafa de guerra, que el mayor conflicto al que enfrentarse le sorprendería en el confort de su casa?

Ha pasado muchos años empuñando su cámara como arma de denuncia, plasmando en cada imagen la injusticia y el sufrimiento humanos, capturando el desgarro en la mirada de quienes lo han perdido todo. Pero hasta ahora, por muy empática que se mostrara con los que eran objeto de su observación, el dolor siempre se quedaba al otro lado de la cámara.

El colapso llegó sin avisar, robándole la luz de un día primaveral y de muchos de los que vendrían después. Se adueñó de su forma de moverse, de sus palabras, de su vida. Y de pronto se sintió conjugando los verbos en pasado: “Yo andaba bien, yo hablaba bien, yo estaba bien”. Esa cotidianidad truncada que tantas veces reflejaban sus fotografías, ahora la sufría en sus propias carnes.

Desde entonces, Amalia hace de cada jornada un acto de resistencia frente al ictus que la somete. Cada vez está más cerca de volver a conjugar su vida en presente: “Yo ando bien, yo hablo bien, yo estoy bien”.

46. No veo solución

Sí, me da coraje, entiendo que estaba de vacaciones el día que en Barrio Sésamo se educaba en “abrir y cerrar” pero ya han pasado años para madurar…En fin, me desespero cuando veo los cajones a medio cerrar y lo que es peor con un calcetín pillado.

Y ya lo de la gestión del tiempo es inenarrable, vamos a ver: “Yo necesito quince minutos para estar lista y llegar a la hora, si tú necesitas media hora tendrás que empezar antes, esto es sentido común”. A veces el tono es neutral, otras más alterado, porque indefectiblemente llegaremos tarde al evento como habitualmente.

La respuesta siempre es la misma: “Eres una maniática”. Según él utilizo el metro para cuadrar la colcha de la cama y yo me pregunto ¿cuántos años se necesitan para aprender a hacer una cama sin que te dañe la vista al entrar en la habitación?

La convivencia me ha dado el coraje de defender mis criterios, ¡no mis manías!, pero también ha aumentado mi impotencia ante tanta desidia. La única explicación que se me ocurre para sostener esta situación es que sobrevolando a mi alrededor existe una especie de entelequia que me sigue arponeando con sus flechas.

45. INCONSISTENCIA SEMANAL (Ana María Abad) – Fuera de concurso

Puso los pies al borde del pretil del puente. Miró hacia abajo, al vacío, sintiendo todos los músculos en tensión. Con una profunda inspiración, cerró los ojos, abrió los brazos y se dejó caer. Durante unos instantes que le parecieron eternos, se meció en el abrazo del aire frío de la mañana, antes de entregarse a la euforia del vertiginoso descenso. Hasta que éste llegó a su fin y la cuerda elástica que le ceñía los tobillos cumplió su función, impulsándole de nuevo varios metros hacia arriba. Mientras se balanceaba a unos palmos del suelo, escuchó el griterío y los aplausos de sus compañeros, allá arriba. Al girar levemente la cabeza, vio que el siguiente ya estaba preparado: fin de la aventura. Se desató y echó pie a tierra, consciente de que esa osadía de fin de semana estaba a punto de agotarse y, dentro de unas horas, volvería a ser el chico tímido incapaz de pedirle una cita a su compañera de despacho.

44. El justiciero de la piruleta

Se oyó hablar del justiciero cuando el cochazo de don Ramón, el prestamista que se creía intocable, apareció cubierto por un espray de serpentinas de colores. Estaba aparcado en la zona de minusválidos y no era la primera vez. Una piruleta colocada en el parabrisas dio lugar al apodo. No hubo denuncia.

La segunda vez fue en la tienda del carnicero. Se sabía que tenía trucado el peso, pero nadie se atrevía a denunciarlo. El día en que apareció la fachada de su tienda empapelada con la palabra ladrón, también se encontró una piruleta fijada en la puerta.

Los acosadores al pobre chico de la Herminia vieron sus nombres ridiculizados en el muro del patio del colegio: Nachito el llorón, Javi el pañales y Marquitos el bollito. Junto a los nombres en color rosa chicle la firma, una enorme piruleta.

 

Un chico se acerca a una señora mayor y le arrebata el bolso. El coraje me sube por las venas, empiezan a sudarme las manos, aprieto los dientes…

En un gesto parecido a un tic nervioso acaricio el palito de plástico que está en mi bolsillo. Lo hago con tanta presión que pulverizo el caramelo.

43. En retirada

El capitán miró su reloj. No se veía un alma. Apostado en aquella encrucijada dominaba cualquier posible movimiento. Se resistía a abandonar una posición obtenida con tanto esfuerzo, sin ninguna duda respecto a su estrategia, una acción temeraria que le había llevado a jugarse el todo por el todo.

Las comunicaciones previas le parecían dudosas, pero ya pasaban cuarenta minutos del momento fijado y debía tomar una decisión. Entonces, empuñó con firmeza el ramo de flores antes de arrojarlo a la papelera y regresó herido a sus cuarteles de invierno.

42. El gran salto

Manuel está allí arriba, solo.

El sol brilla en lo alto pero la lluvia ha sido casi torrencial hasta hace unos instantes y el agua corre muy rápido, allí abajo.

Manuel sabe que tiene que saltar para reencontrarse con los suyos. Mira hacia los lados, también hacia el torrente que corre bajo sus pies y,  a pesar del peligro y del miedo, da un gran salto.

Feliz por la hazaña lograda corre, risueño, todo lo rápido que le permiten sus cortas piernas. 

Sus padres están sorprendidos, pues la acera es muy alta. 

Manuel tiene dos años.

41. Finis terrae

De niño ya apuntaba maneras, un pollito sin cabeza, travieso y desobediente que derivó en una adolescencia  díscola y pendenciera. En su juventud, lejos de sentar cabeza, era ya todo crápula redomado, licencioso cum laude.

Desplegó las alas de su libertinaje, ensombreciendo a padres, hermanos, mujer e hijos. Su carácter disoluto y, por ende, disipado, no tenía hartura y crecía con una demanda elástica, a razón de: más consumo, más necesidad. No cejó en su empeño hasta que sus alas fueron diluyéndose poco a poco debido a los efluvios etílicos que recorrían su cuerpo en proporción diez a uno respecto a su sangre.

Años de desintoxicación, no de recuperación, debido al daño irreversible de la mala vida, le permitieron tener, al menos, una vida anodina. Relegado a dar un paseo diario escoltado por los servicios sociales y, acompañado del desdén de su familia directa, el resto del día ¿vivía? solo y bajo llave, mientras contemplaba el mundo asomado a la reja de una ventana.

Una tarde de abril, un rayo de luz iluminó su pensamiento. Reunió el coraje suficiente para lanzarse al vacío. Al fin recupero sus alas, esas alas que tanta desgracia le causaron, le permitieron alcanzar la libertad.

40. COheRenciAJE ( Fernando García del Carrizo)

Mi abuelo es un héroe de guerra, aunque nunca le condecoraron. Es más, en el pueblo piensan que fue un cobarde. Defensor de la justicia y pacifista convencido, nunca creyó en la violencia como solución a ningún problema. Era el maestro cuando estalló el conflicto. Por sus ideas, le obligaron a alistarse, contra su voluntad, en un bando. Primera misión: ajusticiar a unos vecinos de la “ facción enemiga”. Antes de que el capitán diera la orden, se oyó un disparo. Su cuerpo se desplomó con el arma en la boca.

39. Lección de navegación (A. Parada)

Caminó entre la marea hasta llegar a una isleta fuera del radar de los piratas. Allí se agazapó, rodillas al pecho bajo la sombra de una palmera. Rebuscó en su bolsa mientras vigilaba el horizonte y no con poco reparo sacó su almuerzo envuelto en papel de plata.

Empezó a mordisquear cuando una barcaza se plantó en su orilla. Parecieron vacilar por un segundo, pero pronto fijaron su mirada en él. Una frase inaudible, carcajadas sonoras y su consiguiente mirada despectiva. Apoyaron sus espaldas en la palmera y repitieron el ritual. A cada carcajada una gota más. Y otra. Y otras dos. Y con el vaso a rebosar llegó el último ataque, amenazando desbordar. Y las miradas expectantes de una reacción.

Suprimiendo el temblor de sus dedos, acercó el vaso a su boca y tomó un largo trago. Y la gota cayó en seco. Las miradas de expectación se convirtieron en incredulidad antes de frustrarse y desistir. Los piratas desatracaron a mala gana y se hicieron de nuevo al mar. En busca de isletas más entretenidas.

38. MARTIN (Alicia Alguacil Agudo )

Cuando sonó su nombre, hubo una gran ovación, todos sus compañeros de carrera se pusieron en pie y no pararon de aplaudir hasta que él se volvió con su banda naranja, ya era Graduado en Ciencias Económicas como su padre quería. Y con una gran sonrisa dio las gracias a sus padres, profesores y compañeros por el apoyo que siempre tuvo.

Martín nació un bonito día de abril, era el tercer hijo, sus padres ya tenían dos hijas mayorcitas, pero su padre quería un heredero para su empresa y decidieron buscar al varón. Su nacimiento fue un poco agridulce, sí, era un niño, pero un poco raro, con la cara aplanada y unos ojos inclinados hacia arriba. Sus padres se miraron, se abrazaron y no pudieron contener las lágrimas.

El médico les informo sobre el síndrome de Down y como debían proceder. Ellos no se rindieron y todos en la familia apostaron por superar sus miedos y apoyar a Martín con una estimulación temprana, fisioterapia y logopedia y enseguida se vieron todos recompensados por sus progreso y gran recuperación, hoy con esta Graduación todos se han visto campeones.

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