Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

IMAGINACIÓN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA IMAGINACIÓN

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de LA IMAGINACIÓN en todas sus variantes. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
días
4
3
horas
1
8
minutos
1
2
Segundos
3
2
Esta convocatoria finalizará el próximo
30 de JUNIO

Relatos

5. ELLOS

Creíamos que habían vuelto pero, si observamos con atención, está claro que nunca se fueron.

Jamás imaginé que el mundo por el que transité durante mi vida adulta, mutara por completo en tan sólo unos pocos años. Aquel mundo que casi añoro no era perfecto, sin duda, pero sí era más humano, más solidario, más habitable y mucho más reconocible.

Reflexionando ahora sobre todo esto, recuerdo cómo, por aquel entonces, los muy ricos no hacían tan descarado alarde de su poder, ni mostraban su insolidaria avaricia con el casi pornográfico orgullo con el que la exhiben hoy.

El guión global que cierta moderna tecno-oligarquía obliga a seguir a todas las ultraderechas del mundo, a cambio, eso sí, de mucho dinero para financiar su muy repetitiva propaganda mediática, sólo persigue perpetuar su dominio y sus privilegios, eliminando sin pudor democracias, estados de derecho, avances sociales, lucha contra las desigualdades, respeto a reglas y límites que nos permitían convivir razonablemente en paz.

Creí que mi imaginación, muy básica pero muy sólida a lo largo de toda mi vida, me anunciaría la repetición de esta debacle más propia de algún siglo atrás pero, está claro que…

Me equivoqué.

4. EFECTO ¡WOW!

Llevaba semanas atascado con aquel relato sobre la imaginación. Al menos tenía claro el título. Lo había aprendido en una clase de Marketing: provocar un “efecto wow” consistía en sorprender al cliente superando por completo sus expectativas.
A partir de un buen título, él solía dejarse llevar. Imaginaba situaciones, tiraba del hilo y acababa encontrando un giro inesperado. Pero esta vez era incapaz de hilvanar una sola frase brillante.
Admiraba a Hemingway, aunque no compartía aquello de “escribir es sentarse ante la máquina de escribir hasta sangrar”. Él prefería rumiar sus ideas frente al folio en blanco, mirando por la ventana, convencido de que las historias no se forzaban, sino que aparecían. Si no lo hacían, era mejor dejarlas reposar hasta volver a mirarlas con otros ojos.
Pasaron seis semanas. El plazo terminaba aquella noche y el documento seguía vacío.
A las 23:59 envió el relato, dejando el iceberg bajo el agua.
No tenía una sola palabra.
El título decía: “Ausencia de”.

3. Vejez patas arriba (Edita)

La viudez repentina trunca mis viajes del Imserso. El reuma oportunista me hunde definitivamente en el sofá. Hasta que un máster providencial del nieto mayor lo obliga a vivir conmigo durante esos meses de estudio. Viéndome decaída, se empeña en revertir la situación. Debo fortalecer la musculatura divirtiéndome, asegura. Con gran perseverancia, aprovecha mi pasión por los animales para intentar hacerme teriana. Primero, jirafa (los estiramientos, imprescindibles); luego, pajarraco, chimpancé, canguro… (extremidades y articulaciones en acción); acabo siendo felina a cuatro patas (aprender a levantarse del suelo sin ayuda, vital).

Cuando empezaba a cogerle gusto a la tontería, me propone un cambio: viajar. Discrepo rotundamente, todavía recelo salir. Insiste: él se encarga de todo y me acompañará mientras no pueda hacerlo sola. Cedo. Así elegimos cada periplo: a ciegas, señalo cualquier lugar sobre el mapamundi. Igual visitamos un bosque cercano como nos trasladamos a una playa caribeña. ¡Alucinante!

Mi próximo destino, ya sin nieto, será un safari. Llevo horas frente al ordenador, construyendo en la aplicación el entorno tridimensional inmersivo. También edito el avatar. Con visera y mochila, parezco más joven; mis amigos virtuales alucinarán. Y yo que pensaba que el metaverso era la rama poética de la metaliteratura…

 

2 ¿POR QUÉ NO?

“Imagina la vida en paz”
¿Por qué no?
Los mayores dicen que sólo hago tonterías, que no seré nadie en esta vida.
Mis profesores afirman que soy un inútil, me han echado de la escuela.
“Puedes decir que soy un soñador”
Sólo mi madre cree en mí. Me ha regalado una guitarra y pone folk en el tocadiscos.
“Imagina todos compartiendo el mundo”
¿Por qué no?
Imagino con componer algún día una canción así. Sería bonito.
¿Por qué no?
(Años después John Lennon publicó “Imagine”. Se vendieron 23 millones de copias)

01. SOCIEDAD LIMITADA

Tras rellenar los datos de empleado y valoración, el formulario abría un espacio amplio con una indicación: “Desarrolle, si lo desea, en menos de 100 palabras, una propuesta y protocolo de actuación” Y Guille deseó hacerlo.

«He soñado tantas veces con visitar tu boca como quien explora las selvas que se abren a machete, que se resisten hasta empujar con el filo de la lengua. He planeado tantas veces quemar los mapas para recorrer todos tus centímetros, acampando en cualquier pliegue de tu piel que me invite al reposo. Tatuarme junto al corazón la constelación de la araña que forman los ocho lunares de tu hombro. Enredarme en tus manos cualquier noche. Sin que sepas qué parte de mí descubre tu tacto ciego, sabio, dispuesto a olvidar para regresar mañana a la fascinación del hallazgo.»

—¿Has terminado el informe que me debes, Guille? —le interroga Alicia desde la puerta.

—Estoy… terminándolo.

—Te noto distraído, Guille. Escúchame. Soy tu amiga. Soy tu cuñada. Pero también soy tu jefa. No me lo pongas difícil …

—…solo andaba buscando la palabra adecuada. Ayúdame… esa sensación de querer conseguir algo a toda costa…

—¿Equivocarse?

—Déjalo, seguiré buscando…

103. Exégesis

Todavía recuerdo las gafas de pasta del Mejías, su melena grasienta con escamitas de caspa diseminadas sobre ella. Llevaba jerséis de rombos marrones o negros, aburridos, sobre los que asomaba el cuello duro de una camisa azul celeste; los zapatos llenos de polvo y unos pantalones que parecían estar hechos de arpillera. Deambulaba por el patio del recreo entre el vocerío de los pequeños, los balones de los que jugábamos al fútbol, las combas de las chicas y las carreras de los equipos del rescate. Avanzaba absorto, mientras sostenía entre sus manos igual La Regenta que un ensayo de Física Aplicada, igual El Alehp que un tratado de Fonética. Movía los labios como para espantar de su cabeza el ruido ambiente. Los mofletes, algo hinchados, rebosaban un acné púrpura y purulento. Parecía un fantasma ajeno a balonazos y empujones, un estudiante de otro tiempo que estuviera atrapado entre la arcilla de la tapia del colegio. Un día nos enteramos de su muerte, pero cuando salíamos al patio, él seguía allí igual que siempre, con su ropa estrafalaria, su aspecto descuidado y un libro distinto cada día entre sus manos, atravesando nuestros cuerpos, que ahora se paraban a su paso.

102. PUENTES

Mamadou sueña con ser ingeniero. Ha leído en algún sitio que el puente más largo del mundo mide 164,8 kilómetros. Lo levantaron los chinos sobre el lago Yangcheng. A Mamadou, como a los demás, las olas le salpican la cara. Hace rato que no habla. Lo calcula todo mentalmente: la velocidad de la barca, la hora de salida, lo que falta para llegar. Aun así tiembla. Se abraza las piernas y se acurruca en un extremo. Desde que anocheció, el miedo le agarró de los huevos y ya no se los suelta. Igual que cuando era niño y tenía que tirarse al río. Siempre era el último en saltar. Sus amigos cruzaban a nado hasta la otra orilla mientras él se quedaba en lo alto del acantilado, mirando el agua oscura del fondo. Entonces le gritaban:

—Vamos, Mamadou. Tírate. No pasa nada.

Todos soñaban con llegar a Europa y jugar en el Barça. Él prefería quedarse.

Pero al final Mamadou siempre acababa saltando.

Como ahora. Porque piensa que aquí podrá estudiar y construir puentes. Uno que mida exactamente 14,4 kilómetros.

101. LA DECISIÓN DE SOFÍA

El sol de mayo llega hasta la cama de Sofía. Lame la tibieza de las sábanas que la cubren reptando por ellas hasta besar su rostro. A su lado, sus padres intentan prenderla con las pinzas del miedo al tendal de una vida que le ha dado la espalda. Le hablan de valentía, de esperanza y, en nombre de un amor espeso y plúmbeo, la anclan a un lugar al que hace tiempo que ya no pertenece.  Sofia ha reunido el coraje para decir adiós y ya tiene una fecha para buscar su sitio. Los suyos tendrán que quedarse con la estela que dejará ese amor que no tiene cadenas, tal vez algún día comprendan que la valentía tiene más de un camino.

100. Segunda opción

La joven lleva una hoja escrita a bolígrafo con dos peticiones. Es el mismo folio que utilizó hace un mes en la comunión de su hermano. En aquella ocasión leyó la primera, creativa e ilusionante, pero no se atrevió con la segunda: una verdadera bomba redactada desde las vísceras, con la rabia de una mujer indignada contra el machismo de la Iglesia católica en pleno siglo XXI.
Hoy, en la Cibeles, ante el papa León XIV, miles de personas y millones de espectadores a través de la televisión, le sudan las manos. Duda hasta el último instante y, finalmente, opta por leer la segunda petición:
—Señor Jesús, te pedimos que las mujeres católicas puedan predicar tu palabra igual que un sacerdote, un obispo o un cardenal, y que también puedan llegar a ser tus representantes en la Tierra… Roguemos al Señor.
Estas palabras serían la chispa de un movimiento femenino que acabaría cambiando las normas. Un año después, aquella joven se convertiría en la primera mujer en oficiar una misa.

99. Al límite

Semana tras semana se lanza a las empresas más arriesgadas. ¡Quién diría que en el colegio lo perseguían con la cantinela “Cobarde, gallina, capitán de las sardinas”! Aunque sus familiares ahora sufren por él. En la escalada de un rascacielos sin arnés, un compañero lo arrastró hacia dentro por una ventana después de verlo resbalar repetidas veces. En el salto de mayor altura en puenting temían que la cuerda sobrepasara el límite de rotura. Mientras nadaba junto a tiburones, otro submarinista lo subió a la superficie al perforarse el tubo de su bombona de oxígeno. Su última proeza: el vuelo por un paisaje rocoso con traje de hombre pájaro. Suscita admiración entre sus amigos y conocidos: «No sé cómo te atreves a hacer todo eso, hoy casi te quedas en el intento». Y él tan solo querría eliminar ese “casi”. Pues, en realidad, le falta la valentía para provocar lo que le pide su alma a gritos desde la marcha de Lorena y busca en las acciones más disparatadas que, por azar, algo falle.

98. Tras la tormenta, tu rabia

El rugido repetitivo se acerca y la tormenta no amaina. José hunde los pies en la nieve con cada paso. Arrastra un trineo con un bebé y una adolescente. El pequeño duerme tras horas de llanto; la adolescente se sujeta al trineo para seguir deslizando con vida, el dolor de la pierna fracturada se intensifica con cada bache. Cubierta con un abrigo de mujer, heredado y demasiado grande para evitar que penetren el viento y la nieve.

José los observa de reojo y hunde sus pies una vez más.
—El GPS…
La voz de la chica se ahoga en un zumbido ensordecedor aproximándose.
Desde que encontraron a la adolescente, las cuerdas han arado la piel de José, dejándola en carne viva. No ha sido su mayor herida desde entonces.
José hunde sus pies; avanza.
El frío sólido le golpea, un estruendo rítmico les sobrevuela. José alza la mirada y, antes de desplomarse en la nieve, sonríe.

La tormenta amaina.

El helicóptero aterriza. Dos soldados bajan del artefacto, corren, alzan el trineo y lo suben a la bodega.
—Base; GPS correcto. Rescatada la princesa. Volvemos.

Llora el bebé caído junto al cuerpo de su padre, mientras el rugido repetitivo se aleja.

97. Cuentos chinos

Tras un día duro de trabajo solo ansío llegar a casa, descalzarme y quitarme este maldito sujetador; el aro me está matando.  

De camino al autobús, un joven me aborda con un panfleto y me ruega que lo coja. Media sonrisa después lo meto en mi bolso. Retomo el camino y esta vez una pareja me ofrece una revista, la aparco junto al panfleto. Apenas unos pasos, una chica con unas octavillas que van a idéntico sitio. Llego al bus de chiripa y tras sentarme en la única plaza libre saco del bolso a los okupas. Apenas leo sus portadas… «Somos Tu Futuro»; «Estamos contigo»; «Con nosotros ganas», hago un maravilloso rulo con tanto pasquín —que tiraré en cuarenta minutos en la primera papelera que encuentre—, y pienso en las extraescolares de Cristina; en la rebelde adolescencia de Jaime y en su costosa cita con el dentista; en la interminable cola para el traumatólogo del mayor; en mi suegra y su incipiente Alzheimer; en la depresión de mi marido por su inminente recorte de trabajo; si habrán sacado a Golfo…

No aguantó más y me desabrocho el despiadado sujetador. 

Nuestras publicaciones