Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

CORAJE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL CORAJE

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto CORAJE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 de MAYO

Relatos

Segunda opción

La joven lleva una hoja escrita a bolígrafo con dos peticiones. Es el mismo folio que utilizó hace un mes en la comunión de su hermano. En aquella ocasión leyó la primera, creativa e ilusionante, pero no se atrevió con la segunda: una verdadera bomba redactada desde las vísceras, con la rabia de una mujer indignada contra el machismo de la Iglesia católica en pleno siglo XXI.
Hoy, en la Cibeles, ante el papa León XIV, miles de personas y millones de espectadores a través de la televisión, le sudan las manos. Duda hasta el último instante y, finalmente, opta por leer la segunda petición:
—Señor Jesús, te pedimos que las mujeres católicas puedan predicar tu palabra igual que un sacerdote, un obispo o un cardenal, y que también puedan llegar a ser tus representantes en la Tierra… Roguemos al Señor.
Estas palabras serían la chispa de un movimiento femenino que acabaría cambiando las normas. Un año después, aquella joven se convertiría en la primera mujer en oficiar una misa.

Al límite

Semana tras semana se lanza a las empresas más arriesgadas. ¡Quién diría que en el colegio lo perseguían con la cantinela “Cobarde, gallina, capitán de las sardinas”! Aunque sus familiares ahora sufren por él. En la escalada de un rascacielos sin arnés, un compañero lo arrastró hacia dentro por una ventana después de verlo resbalar repetidas veces. En el salto de mayor altura en puenting temían que la cuerda sobrepasara el límite de rotura. Mientras nadaba junto a tiburones, otro submarinista lo subió a la superficie al perforarse el tubo de su bombona de oxígeno. Su última proeza: el vuelo por un paisaje rocoso con traje de hombre pájaro. Suscita admiración entre sus amigos y conocidos: «No sé cómo te atreves a hacer todo eso, hoy casi te quedas en el intento». Y él tan solo querría eliminar ese “casi”. Pues, en realidad, le falta la valentía para provocar lo que le pide su alma a gritos desde la marcha de Lorena y busca en las acciones más disparatadas que, por azar, algo falle.

Tras la tormenta, tu rabia

El rugido repetitivo se acerca y la tormenta no amaina. José hunde los pies en la nieve con cada paso. Arrastra un trineo con un bebé y una adolescente. El pequeño duerme tras horas de llanto; la adolescente se sujeta al trineo para seguir deslizando con vida, el dolor de la pierna fracturada se intensifica con cada bache. Cubierta con un abrigo de mujer, heredado y demasiado grande para evitar que penetren el viento y la nieve.

José los observa de reojo y hunde sus pies una vez más.
—El GPS…
La voz de la chica se ahoga en un zumbido ensordecedor aproximándose.
Desde que encontraron a la adolescente, las cuerdas han arado la piel de José, dejándola en carne viva. No ha sido su mayor herida desde entonces.
José hunde sus pies; avanza.
El frío sólido le golpea, un estruendo rítmico les sobrevuela. José alza la mirada y, antes de desplomarse en la nieve, sonríe.

La tormenta amaina.

El helicóptero aterriza. Dos soldados bajan del artefacto, corren, alzan el trineo y lo suben a la bodega.
—Base; GPS correcto. Rescatada la princesa. Volvemos.

Llora el bebé caído junto al cuerpo de su padre, mientras el rugido repetitivo se aleja.

Cuentos chinos

Tras un día duro de trabajo solo ansío llegar a casa, descalzarme y quitarme este maldito sujetador; el aro me está matando.  

De camino al autobús, un joven me aborda con un panfleto y me ruega que lo coja. Media sonrisa después lo meto en mi bolso. Retomo el camino y esta vez una pareja me ofrece una revista, la aparco junto al panfleto. Apenas unos pasos, una chica con unas octavillas que van a idéntico sitio. Llego al bus de chiripa y tras sentarme en la única plaza libre saco del bolso a los okupas. Apenas leo sus portadas… «Somos Tu Futuro»; «Estamos contigo»; «Con nosotros ganas», hago un maravilloso rulo con tanto pasquín —que tiraré en cuarenta minutos en la primera papelera que encuentre—, y pienso en las extraescolares de Cristina; en la rebelde adolescencia de Jaime y en su costosa cita con el dentista; en la interminable cola para el traumatólogo del mayor; en mi suegra y su incipiente Alzheimer; en la depresión de mi marido por su inminente recorte de trabajo; si habrán sacado a Golfo…

No aguantó más y me desabrocho el despiadado sujetador. 

96. ESPERANDO NADA

Un cuento tejido de años juntos, enmarcado en días felices. Volando por diferentes planetas, saboreábamos el aprendizaje del viaje. En 1995 escribimos en una piedra ovalada recogida en la playa: “Navegar por el cielo y surcar el horizonte”.
Imaginamos un bar de posibilidades. Así creamos un universo sonoro que alegró muchos corazones. Dos décadas después, la desdicha derrumbó nuestro paraíso en lágrimas impotentes. Desaparecer no fue tan fácil como decía la serpiente.
De flor desatendida pasé a sentirme como el zorro abandonado; después fui una maraña de raíces de baobabs, hasta que mi ser volcánico entró en erupción, escupiendo fuego.
Ahora, entre cenizas, sobrevivo como una aviadora que narra su historia de terror. Soy la Principita de un asteroide donde convivo con lo esencial y tu ausencia.
Tú, jardinero de otras rosas, de las que has de ser responsable. Muero por vivir mientras la pesadumbre del abandono orbita en una memoria sin fin. Intento enfocarme en el momento y reunir el coraje para alzar de esta silla mi cuerpo cansado. Poco a poco voy adquiriendo el hábito de subir un peldaño más en la escalera que me conduzca al nirvana, para poder decirte adiós para siempre.

95. LA PUERTA

Tras años de investigación y ensayos sin resultados concluyentes, un grupo de astronautas retirados decidieron formar parte de la primera misión espacial que atravesaría una puerta dimensional. Dirigidos hacia el centro del agujero negro más cercano a la tierra, serían proyectados hacia el otro lado, un universo de antimateria paralelo al nuestro, completamente desconocido.

El día del lanzamiento llegó y todo el planeta estuvo pendiente de la partida de aquellos hombres que probablemente no sobrevivirían al experimento. Los motores se encendieron y la nave más potente jamás construida se precipitó hacia su objetivo coreada por un aplauso mundial.

En cuestión de minutos alcanzó el marco de entrada establecido y se perdió toda señal del aparato a medida que entraba en aquella oscura anomalía espaciotemporal.

Para sorpresa de todos, la nave apareció segundos después en la rampa de lanzamiento, aún humeante. Medio planeta contuvo el aliento al ver la puerta de la cabina abrirse. Unos jóvenes radiantes salieron del aparato y respondieron a los cientos de periodistas que allí se agolpaban. El capitán, casi adolescente, respondió cabizbajo a los halagos hacia la tripulación: «El verdadero coraje ha sido el de tener que volver aquí».

94. Influencers

El concurso de comedores de Donuts de Albacete reunia a los grandes especialistas mundiales de la disciplina. Superé con paso firme las primeras rondas hasta encontrarme en la final con la gran favorita. Se llamaba Lucrecia Smith. Era una americana monumental que ocupaba tres sillas y se derramaba al sentarse como un crepp en la sartén. Se decía que había ganado un concurso de comedores de hamburguesas en Reno con una marca de 127 completas con extra de queso. Tras el primer día los Donuts empezaron a parecerme infames ruedas de carretilla azucaradas. Mi rival los consumía con irritante delectación, acompañados de galones de Coca-Cola. Cuando empezaron las arcadas pensé en el camino recorrido. En las largas tardes en el sofá iniciándome en el exigente mundo de los comedores profesionales, y en el apoyo incondicional de mis padres que siempre creyeron en mí. Tenía que seguir, no quería ser un looser, un don nadie.
-Oh my God – dijo la Smith alarmada cuando empecé a convulsionar. Pasé varias semanas en el hospital pero valió la pena. Mi foto en la camilla con un hilo de aceite de palma en la comisura de los labios obtuvo más de 5000 «me gusta».

93. Madre coraje (Patricia Collazo)

Apoya la mochila sobre el mueble del recibidor. Un gesto leve, casi una concesión, mientras la observo desde la puerta de la cocina. Me lanza una mirada rápida, precisa. A su padre, hundido en el sillón ante la tele, no lo mira. Tampoco él a ella. Ya se lo han dicho todo.

Quisiera tener el coraje de detenerla. Aunque sea absurdo.

Apoya una mano sobre su vientre durante unos segundos que se estiran más de la cuenta. Ya no me mira. Ya ha cruzado la puerta antes de hacerlo. Mis dedos tiemblan dentro del bolsillo del mandil, conteniéndose para no acariciar esa mano de uñas cortas y tenues. Acariciarla y acariciar el futuro a su vez.

Cuelga sus llaves en el cajetín, junto a las nuestras. Acaricia el pomo.

Yo —una yo irreconocible— olvido por un instante quién soy, todo lo que llevo años escuchando.

—Espera, cariño. Voy contigo.

—No —dice ella y sale sin girarse.

Él apaga la televisión.

92. Derrocados

Desaparecieron con el coraje de no dejar siquiera una nota de despedida. De repente, nadie se arrodilló a pulir los suelos de mármol, nadie nos sirvió caviar bañado en champán, nadie cambió los pañales a los niños ni a los abuelos. Nadie planchó las sábanas de seda ni recogió la hojarasca de los jardines. Nadie limpió de insectos la piscina, ni el polvo acumulado sobre las maderas nobles y las cómodas estilo rococó. Y lo peor, no había servidumbre a quien dar órdenes o insultar por llevar la cofia torcida.

En pocos días hemos perdido arrogancia, nuestro caminar altivo tropieza con estúpidos pasos vacilantes. Alguien tendrá que limpiar los baños. 

91. Sangría (Jesús Navarro Lahera)

Mientras mi padre, tras echar en una jarra lo poco que había dejado de vodka en la botella, removía la mezcla con el vino tinto, el azúcar y los trozos de naranja y melocotón, yo lo miraba de reojo sin parar de morderme los labios. En esas entró en la cocina mi hermano pequeño, vestido con su traje de marinero y de la mano de mi madre.

Ella preguntó si le faltaba mucho, e insistió en que el resto de miembros de la familia ya estaban sentados a la mesa. Él balbuceó algo ininteligible, como hacía cuando, como era habitual, había bebido más de la cuenta. Mi hermano rompió a llorar, y entre sollozos le entendí decir que no quería que discutieran también el día de su primera comunión.

Y entonces todo ocurrió muy deprisa. Mi padre le dio un golpe en el hombro a mi madre con la cuchara. Ella agachó la cabeza, al igual que hacía cada vez que él la pegaba. Mi hermano comenzó a patalear sin moverse del sitio, y no se detuvo hasta que recibió un guantazo de mi padre. Y yo, al ver cómo bebía a morro de la jarra, agarré el cuchillo jamonero.

90. AHORA DECIDO YO

Tras meses de miradas por encima del hombro, de noches en vela e interminables reuniones, logra su objetivo. Hoy firma el contrato como subdirectora de la empresa, con las mismas condiciones que las pactadas por su antecesor. Ni un céntimo más ni menos. Se refleja en el espejo de la habitación y la sonrisa se le desvanece. Reconoce que mantener ese cargo va a ser una lucha diaria.

Le vibra el móvil. Han aceptado su generosa oferta. Ahora es la propietaria de la casa con finca del pueblo. Lo que siempre ha soñado. Despertarse por la mañana con olor a tierra mojada y a hierba húmeda. Cuidar de las vacas, ovejas y gallinas. Cultivar tomates, patatas y judías. Ver crecer el limonero, el manzano y el nogal.

Sus ojos se afinaron. No huye, es una victoria. Está segura de que los animales, hortalizas y árboles sabrán agradecerle su esfuerzo y no la juzgarán por su sexo.

89. Estimada señorita Otilia:

Quiero que me enamore con sesenta y dos caricias, ni una más ni una menos, como mis años. Quiero que alborote mi corazón desmigado, que temple mi sexo y le dé disfrute.

Si no lo logra, no pasa nada; tendremos el coraje de darnos un abrazo y tan amigos. Recuerde que el amor es como tranca de chiquero: unas veces arriba y otras abajo.

Suyo, Remigio.

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