Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

CORAJE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL CORAJE

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto CORAJE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 de MAYO

Relatos

03 DESPERTAR (Puri Rodríguez)

“La ignorancia es la peor desgracia para cualquier sociedad”, dijo Platón en el siglo V a.C., o sea, hace ya un rato.

Ignorancia es mentir, conociendo la verdad. Es distraer la memoria y tropezar en la misma piedra. Es desviar la vista cuando alguien que sufre, te mira. Es darse un tiro en el pie votando ideologías a las que tú les importas un mojón. Es elegir el “tú o yo” en lugar del “tú y yo”.

Inteligencia es reflexionar para revertir todo eso. Es tener conciencia de que el lugar de nacimiento es puro azar. Es considerar que cualquier ser humano merece ser feliz. Es saber compartir en vez de acaparar. Es no ser cómplice de la injusticia y la violencia.

Coraje es enfrentar la oscura realidad para llegar a la verdad. Es tener el valor de defenderla contra quienes buscan robárnosla. Es denunciar el egoísmo y la indecente avaricia del tecno-oligopolio millonario que dirige el mundo. Es abrir bien los ojos y la mente para elegir la humanidad y no el odio.

¿Enseñará algo de esto la mediocre y elitista enseñanza privada?

Mucho nos tememos que no…

02. ROYAL GIFT (Jesús Alfonso Redondo Lavín)

En la película de John Ford, “La Diligencia”, la voz rota del mayoral Buck (Andy Devine) azuzaba a las mulas, Paloma y Caprichosa, tratando de huir de los Apaches de Gerónimo. (Quizás fuesen yeguas, bueno, da igual).

Buck desconocía que aquellas mulas eran descendientes de un burro zamorano que el rey Carlos III regaló a George Washington.

George, como agricultor, sabía de la calidad de las recias mulas españolas engendradas por asnos garañones de exportación vetada por el reino español.

En una campaña militar comentó su deseo a sus aliados militares españoles. El ruego llegó a la Corona y un soldado, Juan Téllez, conocido por su coraje, se encargó de acompañar a pie y pezuña a un garañón zamorano desde Roales (Zamora) hasta el puerto de Bilbao. La Compañía Gardoqui sufragó el viaje naval del pollino y de Juan hasta Gloucester.

Con gran alborozo recibió George en su finca de Mount Vernon al soldado y al borrico al que bautizaron como Royal Gift.

No sé si Téllez tuvo que hacer de mamporrero para mostrar la calidad del rucio, pero se cuenta que una vez cubiertas a satisfacción las yeguas de George, este, alquilaba los servicios del zamorano a 5 guineas.

01 ETERNA PRIMAVERA

Ya le habían advertido de que el verdadero tamaño de un gigante se mide por el miedo que despierta, pero ella se sentía fortalecida tras soportar los primeros envites. Y más ahora que  su abogada había conseguido contactar con un periodista de un diario importante que estaba dispuesto a publicar una detallada noticia. Galerías Veracruz había despedido a Berta después de haberla maltratado con turnos, enredos y mostradores incómodos durante meses, por la oculta represalia de haberse afiliado a uno de los sindicatos no afines a la empresa.

Tras un par de entrevistas en el que expuso las artimañas empresariales para castigar su independencia, el artículo parecía terminado y el periodista , un semana después, les advirtió que la publicación ocuparía la página 14 o 15 de la edición del jueves.

Y ese día compró el periódico y encontró que la página 14, y la 15 también, la ocupaba un enorme anuncio gráfico proclamando  que “Ya es primavera en Galerías Veracruz”.

108 La vida

Estaba tan lleno de ti que no te valoraba. Hasta que empecé a perderte. No me daba cuenta, pero poco a poco me fuiste privando de algunas cosas, como oír mi nombre y bajar a la cocina en un santiamén para disfrutar de un copioso desayuno amenizado con buena música de fondo. Después me empapaba con esas revistas que aparecían dispersas por la casa.

Echo de menos cuando todo funcionaba bien, porque eras tú quien se ocupaba de que todo estuviera en orden. Y aunque me hayas ido apagando, voy a luchar por ti, voy a recuperarte, aunque sea un poquito. 

Hoy saldré a la calle. Le diré al chico que quite el polvo a la silla de ruedas. Primero iremos a la farmacia. Recogeremos las pastillas para la diabetes, la depresión, la osteoporosis y la hipertensión. Después, a la óptica, a encargar unas gafas nuevas y mi primer sonotone. 

107. Ciclos

Cuando llega el viento de marzo, lo desordena todo. Revuelve la melena de Rosaura mientras mira cómo se alejan, en un jeep destartalado, la Chispa y el Marcelo, en quién había puesto tantas ilusiones. Desbarata las tablas de la silla de Martín, pero no el esqueleto herrumbroso que las ha soportado tanto tiempo, que permanece allí, varado en la arena, como el casco mortecino de un navío. Cuando llega el viento de marzo un silbido fino se cuela por la masilla cuarteada que soporta los cristales y embarulla el parloteo de las casas, confunde el ladrido de los perros con el zumbido atroz de los mosquitos y disfraza el olor de las cocinas con el bálsamo gris que emerge de las cañerías. Cuando llega el viento de marzo, arrambla por el cementerio, desdibuja el rostro marmóreo de vírgenes y crucificados, juguetea con los nombres de las lápidas, cambiándolos de sitio, y escribe sobre ellas disparatados epitafios. Cuando el viento de marzo desparece por el horizonte, llega la lluvia de improviso, sigilosa, como le llega la muerte a los ancianos. Los lagartos regurgitan sus miserias, mientras asoma la luna en la ladera, y tañen las campanas a destiempo.

106. LA CASA EN ORDEN

Nunca discutimos delante de nadie.
Nuestros amigos dicen que somos una pareja envidiable: nos terminamos las frases, recordamos los cumpleaños y sabemos exactamente dónde está cada cosa. Si alguien necesita unas tijeras, el otro siempre sabe dónde están; y antes de que se acabe el hielo, ya hemos comprado otra bolsa.

Pero mantener el orden no es fácil. Por la noche, antes de acostarnos, lo revisamos todo.
Cada cosa debe estar en su sitio. Los cuadros bien alineados, los platos limpios, los cojines simétricos, la mancha de sangre oculta bajo la alfombra y la puerta del cuarto de invitados bien cerrada.

105. PASIÓN POR TU DESORDEN

En la pandilla todos los chicos teníamos novia formal. La mía era Julita, una chica monísima que colocaba todo en el lugar correcto: la melena recogida en una coleta, el largo de la falda justo por encima de la rodilla y mi deseo a no menos de diez centímetros de sus caderas.

Aquel verano conocimos a Marina. Nadie del grupo sabía a qué hora iba a aparecer, pero siempre la precedía un bullicio de risas rompiendo el silencio de las calles. En la playa se quitaba sin pudor la camiseta, los vaqueros y el sujetador dejando atrás una amalgama de ropa y arena para salir corriendo en bragas hacia la orilla. Mientras Julita me ponía protección solar en la espalda, yo entrecerraba los ojos y me imaginaba saltando entre las olas con Marina, enredado en el caos de su pelo y de sus piernas.

La noche del concierto en el polideportivo la busqué sin descanso, a ratos la encontraba bailando a mi lado para luego perderla entre la multitud. Al terminar el último bis la vi marcharse con los músicos de la banda, abrazada al batería. Me lanzó un beso desde lejos. Nunca estuvo tan guapa. Ni yo tan triste.

 

104. Mecanismo de supervivencia

Al talar el último árbol del bosque encantado los vimos por última vez. Hileras de gnomos gruñones brotaron de las raíces muertas. Enjambres de diminutas sílfides, que primero confundimos con luciérnagas, revoloteaban histéricas en busca del nido del Ave Fénix. Al ratoncito Pérez lo reconocimos enseguida, arrastraba un infinito collar de dientes de leche que, sin suerte, trataba de desenredar de las ramas tronchadas. Papá Noel acudió con su manada de renos al rescate. Tras un aterrizaje forzoso, los viejos, los enfermos y las crías subieron temblorosos a los trineos. Las hadas madrinas los acurrucaron sobre sus regazos en un intento inútil de calmar sus miedos. Los demás caminaban en silencio, arrastrando cofres donde habían arrojado sin orden ni concierto los libros ancestrales, las capas voladoras, las varitas y los polvos mágicos, las pócimas del amor y los ungüentos de la suerte. Seguían a los Reyes Magos, que discutían acalorados sobre el rumbo a seguir tras haber perdido de vista la estela luminosa del astro guía. 

Madres y padres, asustados por las trágicas consecuencias de aquella migración, inventaron todo lo demás.

103. EMOCIONES DE ATREZZO

Heredó del padre una especie de síndrome de Diógenes semicontrolado, que defendía con orgullo y dignidad. Muy consciente de la realidad, deseaba conservar la memoria de un añorado pasado que se resistía a abandonar. Un “por si acaso” de pruebas fehacientes en caso de enfrentarse a un juicio imaginario en el que, llegado el momento, pudiera demostrar su verdad.

Iris había erigido un panteón en vida, delicadamente ordenado entre flores muertas, cajas hermosas y letras vivas. Un desorden inspirador que parecía obedecer a una lógica invisible. Fragmentos de vida abocados a una anhelada extinción.

Al abrir la puerta de casa, bastaba un parpadeo para entenderlo. La música era lo primero que asomaba. Sobre un aparador blanco, a modo de altar, rendía tributo a la música con una radio Marconi de los años 60, discos, fotos, púas o baquetas de diversos eventos.

De joven se reconocía en dos letras que aún forman parte de su banda sonora, “Desordenada habitación”, de Antonio Vega y “Entre mis recuerdos”, de Luz Casal.  Además, tenía el presagio de que el día que el orden rozará la perfección, el mundo se detendría.

Tal vez por eso tendía a la procrastinación del minimalismo en su hábitat.

 

102. EN OTRO ORDEN DE COSAS (A. BARCELÓ)

Todo funciona con inteligencia natural, los niños no hacen caso al móvil, la tablet, la consola, el ordenador o la televisión y juegan como locos en las calles y en los parques al aire libre, con total libertad y seguridad. Los padres pasan tiempo de calidad con ellos, también sin dispositivos electrónicos de por medio. Los políticos se preocupan por los ciudadanos por encima de intereses partidistas o propios y asumen responsabilidades dimitiendo si hacen las cosas mal o no están a la altura… ¿Pero qué mundo es este? Yo no entiendo nada.
El policía me mira como si estuviese intentando tomarle el pelo, no me cree cuando le explico que fui abducido por un haz de luz en una carretera secundaria y que hace una semana, al menos para mí, todo era distinto.

101. Defendiendo a mamá

Yo iba en el segundo coche. Estaba muerto sobre un charco de sangre. Él llega muchas veces borracho a casa, siguió diciendo. Le pedimos que soltará el cuchillo. Ordené que salieran dos coches patrulla de inmediato. La mujer miraba el cadáver desde un rincón de la cocina, acurrucada, abrazada a sus rodillas. Vivimos en el segundo piso, ellos son los vecinos de enfrente. Entramos en el piso con precaución. El chico tendría unos quince años. El hombre estaba tendido boca abajo, en la cocina. Habíamos recibido la llamada en comisaria sobre las diez de la noche. Subimos por las escaleras y encontramos la puerta de la casa abierta. Solicité refuerzos y una ambulancia. El joven lo dejó caer al suelo y comenzó a llorar. Una vecina nos salió al encuentro y nos dijo que era ella la que nos había llamado. Cuando colgué el teléfono me dio la impresión de que era la típica bronca de un matrimonio mal avenido. Estaba en el salón y sujetaba con fuerza un cuchillo de cocina lleno de sangre. Al llegar había muchos vecinos congregados en el portal. Tenía la cara llena de golpes y los labios amoratados.

100. El último pasodoble en París

 

Julia murió en la primavera del 73, antes de Pentecostés. La prima Virtudes la llamó para darle los detalles del funeral. Su padre vació su habitación y prohibió hablar de ella delante de los niños.
– Se van las mejores – le decían los vecinos al abatido marido dándole palmadas en la espalda.
Cuando supo del fatal desenlace llevaba un año viviendo en París con Paco, un comercial de sopas Maggy. Juntos habían descubierto un mundo que olía a recién pintado.
Su madre intentó conectar con el más allá. En sus cartas acusaba a Paco de ser un libertino que había mancillado el buen nombre de la familia. Su padre no volvió a hablarla, murió meses después de un ataque de prejuicios.

La prima Virtudes la visitó para intentar componer el desorden de su cabeza. Tras glosar las bondades de la vida matrimonial le dijo que no todo estaba perdido con su ex y se ofreció a mediar para reconducir la situación. Julia la imaginó ataviada con sus bragas cristianas preparando una copa de brandy Soberano para su marido. La miró tomando el café con el meñique enhiesto y la asustó la certera revelación de que hay vida después de la muerte.

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