Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

CORAJE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL CORAJE

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto CORAJE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 de MAYO

Relatos

01. SOCIEDAD LIMITADA

Tras rellenar los datos de empleado y valoración, el formulario abría un espacio amplio con una indicación: “Desarrolle, si lo desea, en menos de 100 palabras, una propuesta y protocolo de actuación” Y Guille deseó hacerlo.

«He soñado tantas veces con visitar tu boca como quien explora las selvas que se abren a machete, que se resisten hasta empujar con el filo de la lengua. He planeado tantas veces quemar los mapas para recorrer todos tus centímetros, acampando en cualquier pliegue de tu piel que me invite al reposo. Tatuarme junto al corazón la constelación de la araña que forman los ocho lunares de tu hombro. Enredarme en tus manos cualquier noche. Sin que sepas qué parte de mí descubre tu tacto ciego, sabio, dispuesto a olvidar para regresar mañana a la fascinación del hallazgo.»

—¿Has terminado el informe que me debes, Guille? —le interroga Alicia desde la puerta.

—Estoy… terminándolo.

—Te noto distraído, Guille. Escúchame. Soy tu amiga. Soy tu cuñada. Pero también soy tu jefa. No me lo pongas difícil …

—…solo andaba buscando la palabra adecuada. Ayúdame… esa sensación de querer conseguir algo a toda costa…

—¿Equivocarse?

—Déjalo, seguiré buscando…

Exégesis

Todavía recuerdo las gafas de pasta del Mejías, su melena grasienta con escamitas de caspa diseminadas sobre ella. Llevaba jerséis de rombos marrones o negros, aburridos, sobre los que asomaba el cuello duro de una camisa azul celeste; los zapatos llenos de polvo y unos pantalones que parecían estar hechos de arpillera. Deambulaba por el patio del recreo entre el vocerío de los pequeños, los balones de los que jugábamos al fútbol, las combas de las chicas y las carreras de los equipos del rescate. Avanzaba absorto, mientras sostenía entre sus manos igual La Regenta que un ensayo de Física Aplicada, igual El Alehp que un tratado de Fonética. Movía los labios como para espantar de su cabeza el ruido ambiente. Los mofletes, algo hinchados, rebosaban un acné púrpura y purulento. Parecía un fantasma ajeno a balonazos y empujones, un estudiante de otro tiempo que estuviera atrapado entre la arcilla de la tapia del colegio. Un día nos enteramos de su muerte, pero cuando salíamos al patio, él seguía allí igual que siempre, con su ropa estrafalaria, su aspecto descuidado y un libro distinto cada día entre sus manos, atravesando nuestros cuerpos, que ahora se paraban a su paso.

PUENTES

Mamadou sueña con ser ingeniero. Ha leído en algún sitio que el puente más largo del mundo mide 164,8 kilómetros Lo levantaron los chinos sobre el lago Yangcheng. A Mamadou, como a los demás, las olas le salpican la cara. Hace rato que no habla. Lo calcula todo mentalmente: la velocidad de la barca, la hora de salida, lo que falta para llegar. Aun así tiembla. Se abraza las piernas y se acurruca en un extremo. Desde que anocheció, el miedo le agarró de los huevos y ya no se los suelta. Igual que cuando era niño y tenía que tirarse al río. Siempre era el último en saltar. Sus amigos cruzaban a nado hasta la otra orilla mientras él se quedaba en lo alto del acantilado, mirando el agua oscura del fondo. Entonces le gritaban:

—Vamos, Mamadou. Tírate. No pasa nada.

Todos soñaban con llegar a Europa y jugar en el Barça. Él prefería quedarse.

Pero al final Mamadou siempre acababa saltando.

Como ahora. Porque piensa que aquí podrá estudiar y construir puentes. Uno que mida exactamente 14,4 kilómetros.

101. LA DECISIÓN DE SOFÍA

El sol de mayo llega hasta la cama de Sofía. Lame la tibieza de las sábanas que la cubren reptando por ellas hasta besar su rostro. A su lado, sus padres intentan prenderla con las pinzas del miedo al tendal de una vida que le ha dado la espalda. Le hablan de valentía, de esperanza y, en nombre de un amor espeso y plúmbeo, la anclan a un lugar al que hace tiempo que ya no pertenece.  Sofia ha reunido el coraje para decir adiós y ya tiene una fecha para buscar su sitio. Los suyos tendrán que quedarse con la estela que dejará ese amor que no tiene cadenas, tal vez algún día comprendan que la valentía tiene más de un camino.

100. Segunda opción

La joven lleva una hoja escrita a bolígrafo con dos peticiones. Es el mismo folio que utilizó hace un mes en la comunión de su hermano. En aquella ocasión leyó la primera, creativa e ilusionante, pero no se atrevió con la segunda: una verdadera bomba redactada desde las vísceras, con la rabia de una mujer indignada contra el machismo de la Iglesia católica en pleno siglo XXI.
Hoy, en la Cibeles, ante el papa León XIV, miles de personas y millones de espectadores a través de la televisión, le sudan las manos. Duda hasta el último instante y, finalmente, opta por leer la segunda petición:
—Señor Jesús, te pedimos que las mujeres católicas puedan predicar tu palabra igual que un sacerdote, un obispo o un cardenal, y que también puedan llegar a ser tus representantes en la Tierra… Roguemos al Señor.
Estas palabras serían la chispa de un movimiento femenino que acabaría cambiando las normas. Un año después, aquella joven se convertiría en la primera mujer en oficiar una misa.

99. Al límite

Semana tras semana se lanza a las empresas más arriesgadas. ¡Quién diría que en el colegio lo perseguían con la cantinela “Cobarde, gallina, capitán de las sardinas”! Aunque sus familiares ahora sufren por él. En la escalada de un rascacielos sin arnés, un compañero lo arrastró hacia dentro por una ventana después de verlo resbalar repetidas veces. En el salto de mayor altura en puenting temían que la cuerda sobrepasara el límite de rotura. Mientras nadaba junto a tiburones, otro submarinista lo subió a la superficie al perforarse el tubo de su bombona de oxígeno. Su última proeza: el vuelo por un paisaje rocoso con traje de hombre pájaro. Suscita admiración entre sus amigos y conocidos: «No sé cómo te atreves a hacer todo eso, hoy casi te quedas en el intento». Y él tan solo querría eliminar ese “casi”. Pues, en realidad, le falta la valentía para provocar lo que le pide su alma a gritos desde la marcha de Lorena y busca en las acciones más disparatadas que, por azar, algo falle.

98. Tras la tormenta, tu rabia

El rugido repetitivo se acerca y la tormenta no amaina. José hunde los pies en la nieve con cada paso. Arrastra un trineo con un bebé y una adolescente. El pequeño duerme tras horas de llanto; la adolescente se sujeta al trineo para seguir deslizando con vida, el dolor de la pierna fracturada se intensifica con cada bache. Cubierta con un abrigo de mujer, heredado y demasiado grande para evitar que penetren el viento y la nieve.

José los observa de reojo y hunde sus pies una vez más.
—El GPS…
La voz de la chica se ahoga en un zumbido ensordecedor aproximándose.
Desde que encontraron a la adolescente, las cuerdas han arado la piel de José, dejándola en carne viva. No ha sido su mayor herida desde entonces.
José hunde sus pies; avanza.
El frío sólido le golpea, un estruendo rítmico les sobrevuela. José alza la mirada y, antes de desplomarse en la nieve, sonríe.

La tormenta amaina.

El helicóptero aterriza. Dos soldados bajan del artefacto, corren, alzan el trineo y lo suben a la bodega.
—Base; GPS correcto. Rescatada la princesa. Volvemos.

Llora el bebé caído junto al cuerpo de su padre, mientras el rugido repetitivo se aleja.

97. Cuentos chinos

Tras un día duro de trabajo solo ansío llegar a casa, descalzarme y quitarme este maldito sujetador; el aro me está matando.  

De camino al autobús, un joven me aborda con un panfleto y me ruega que lo coja. Media sonrisa después lo meto en mi bolso. Retomo el camino y esta vez una pareja me ofrece una revista, la aparco junto al panfleto. Apenas unos pasos, una chica con unas octavillas que van a idéntico sitio. Llego al bus de chiripa y tras sentarme en la única plaza libre saco del bolso a los okupas. Apenas leo sus portadas… «Somos Tu Futuro»; «Estamos contigo»; «Con nosotros ganas», hago un maravilloso rulo con tanto pasquín —que tiraré en cuarenta minutos en la primera papelera que encuentre—, y pienso en las extraescolares de Cristina; en la rebelde adolescencia de Jaime y en su costosa cita con el dentista; en la interminable cola para el traumatólogo del mayor; en mi suegra y su incipiente Alzheimer; en la depresión de mi marido por su inminente recorte de trabajo; si habrán sacado a Golfo…

No aguantó más y me desabrocho el despiadado sujetador. 

96. ESPERANDO NADA

Un cuento tejido de años juntos, enmarcado en días felices. Volando por diferentes planetas, saboreábamos el aprendizaje del viaje. En 1995 escribimos en una piedra ovalada recogida en la playa: “Navegar por el cielo y surcar el horizonte”.
Imaginamos un bar de posibilidades. Así creamos un universo sonoro que alegró muchos corazones. Dos décadas después, la desdicha derrumbó nuestro paraíso en lágrimas impotentes. Desaparecer no fue tan fácil como decía la serpiente.
De flor desatendida pasé a sentirme como el zorro abandonado; después fui una maraña de raíces de baobabs, hasta que mi ser volcánico entró en erupción, escupiendo fuego.
Ahora, entre cenizas, sobrevivo como una aviadora que narra su historia de terror. Soy la Principita de un asteroide donde convivo con lo esencial y tu ausencia.
Tú, jardinero de otras rosas, de las que has de ser responsable. Muero por vivir mientras la pesadumbre del abandono orbita en una memoria sin fin. Intento enfocarme en el momento y reunir el coraje para alzar de esta silla mi cuerpo cansado. Poco a poco voy adquiriendo el hábito de subir un peldaño más en la escalera que me conduzca al nirvana, para poder decirte adiós para siempre.

95. LA PUERTA

Tras años de investigación y ensayos sin resultados concluyentes, un grupo de astronautas retirados decidieron formar parte de la primera misión espacial que atravesaría una puerta dimensional. Dirigidos hacia el centro del agujero negro más cercano a la tierra, serían proyectados hacia el otro lado, un universo de antimateria paralelo al nuestro, completamente desconocido.

El día del lanzamiento llegó y todo el planeta estuvo pendiente de la partida de aquellos hombres que probablemente no sobrevivirían al experimento. Los motores se encendieron y la nave más potente jamás construida se precipitó hacia su objetivo coreada por un aplauso mundial.

En cuestión de minutos alcanzó el marco de entrada establecido y se perdió toda señal del aparato a medida que entraba en aquella oscura anomalía espaciotemporal.

Para sorpresa de todos, la nave apareció segundos después en la rampa de lanzamiento, aún humeante. Medio planeta contuvo el aliento al ver la puerta de la cabina abrirse. Unos jóvenes radiantes salieron del aparato y respondieron a los cientos de periodistas que allí se agolpaban. El capitán, casi adolescente, respondió cabizbajo a los halagos hacia la tripulación: «El verdadero coraje ha sido el de tener que volver aquí».

94. Influencers

El concurso de comedores de Donuts de Albacete reunia a los grandes especialistas mundiales de la disciplina. Superé con paso firme las primeras rondas hasta encontrarme en la final con la gran favorita. Se llamaba Lucrecia Smith. Era una americana monumental que ocupaba tres sillas y se derramaba al sentarse como un crepp en la sartén. Se decía que había ganado un concurso de comedores de hamburguesas en Reno con una marca de 127 completas con extra de queso. Tras el primer día los Donuts empezaron a parecerme infames ruedas de carretilla azucaradas. Mi rival los consumía con irritante delectación, acompañados de galones de Coca-Cola. Cuando empezaron las arcadas pensé en el camino recorrido. En las largas tardes en el sofá iniciándome en el exigente mundo de los comedores profesionales, y en el apoyo incondicional de mis padres que siempre creyeron en mí. Tenía que seguir, no quería ser un looser, un don nadie.
-Oh my God – dijo la Smith alarmada cuando empecé a convulsionar. Pasé varias semanas en el hospital pero valió la pena. Mi foto en la camilla con un hilo de aceite de palma en la comisura de los labios obtuvo más de 5000 «me gusta».

93. Madre coraje (Patricia Collazo)

Apoya la mochila sobre el mueble del recibidor. Un gesto leve, casi una concesión, mientras la observo desde la puerta de la cocina. Me lanza una mirada rápida, precisa. A su padre, hundido en el sillón ante la tele, no lo mira. Tampoco él a ella. Ya se lo han dicho todo.

Quisiera tener el coraje de detenerla. Aunque sea absurdo.

Apoya una mano sobre su vientre durante unos segundos que se estiran más de la cuenta. Ya no me mira. Ya ha cruzado la puerta antes de hacerlo. Mis dedos tiemblan dentro del bolsillo del mandil, conteniéndose para no acariciar esa mano de uñas cortas y tenues. Acariciarla y acariciar el futuro a su vez.

Cuelga sus llaves en el cajetín, junto a las nuestras. Acaricia el pomo.

Yo —una yo irreconocible— olvido por un instante quién soy, todo lo que llevo años escuchando.

—Espera, cariño. Voy contigo.

—No —dice ella y sale sin girarse.

Él apaga la televisión.

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