Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

CORAJE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL CORAJE

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto CORAJE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 de MAYO

Relatos

BARTLEBY, EL EXTRANJERO

Se ha dicho de mí que soy impasible, lacónico, melancólico, un profeta de la inacción. Se han escrito ensayos sobre mi particular rebeldía y sobre mi falta de compromiso con otra cosa que no sea mi obcecada determinación. Sin embargo, nadie ha llegado a conocerme, a comprender el motivo de mi pasiva insolencia. Por eso, decidí atravesar el tiempo, cambiar de lengua, de país, renunciar a mi padre y buscar otro que me diera una oportunidad. Así recalé en Argel donde comenzaron a llamarme “el extranjero” . Qué mejor apodo para alguien que se siente ajeno al mundo. Allí murió mi madre y tuve trato con una mujer y algún amigo. Allí cambié la pluma por un arma de fuego decidido a reescribir mi historia. Fue en la playa donde tuve la oportunidad. El sol que martilleaba mis sienes me dio el coraje necesario. El sol y un árabe con un cuchillo en la mano. Preferiría no hacerlo, dije antes de apretar el gatillo.

05. CUATRO SILENCIOS (Ángel Saiz Mora)

Estruendo que paraliza juegos durante el recreo. Tintineo de vidrio caído sobre el suelo del patio. Rostro colérico a través de la ventana rota.

Balón en mano, el director exige conocer la identidad del causante.

Repite la pregunta, con advertencia de grave castigo colectivo.

Temerosos de represalias aún peores, las que reciben los chivatos, todos mantenemos un silencio encubridor.

Quien menos se espera levanta un brazo. Él no ha sido, pero declara ser autor del destrozo. Gracias a su noble y valiente sacrificio hay un silencio de alivio. Algo me hace reaccionar, lo que me faltó para defender a este mismo compañero cuando sufrió acoso. Tampoco he sido, pero con un «y yo» me uno a su falsa confesión. Esta vez no voy a dejarlo solo.

Se suman más estudiantes, hasta los secuaces del verdadero responsable, que se esconde tras un silencio cobarde, con la puntera aún caliente después del trallazo. La bravura de la que presumía cuando humillaba a su víctima favorita ha desaparecido. Ahora tiembla de miedo y vergüenza.

Impresionado por la solidaridad de sus alumnos, el director finaliza el interrogatorio. Solo rompe su silencio complacido cuando llama por teléfono al cristalero.

Nada vuelve a ser lo mismo.

04. Las agallas de los mansos (Edita)

Lo conocía bien: además de ser vecinos, fuimos juntos a clase. Aunque receloso, asumí liderar el operativo de búsqueda. Había desaparecido después de agredir brutalmente a su madre. Ella, malherida, se preocupaba más por él que por sus lesiones. Le prometí encontrarlo vivo.

Estaba al borde de un precipicio. Era la única salida digna, pero corpulencia y orgullo no implicaban valentía. Como tampoco quería entregarse, me retó:

─¡No tienes huevos a dispararme!

Bajé el arma. Igual que hacía antaño en el recreo ante sus ataques, le di la espalda y  retrocedí. Empezó a insultarme. Aceleré. Para que la distancia no me impidiera seguir oyendo improperios, necesitó aproximarse.

─¡Gallina! ¡Zurullo uniformado!

El plan funcionaba. Avisé sigiloso a los compañeros que, escondidos, esperaban órdenes. Cuando el camino se estrechó lo suficiente, simulé tropezar en un pedrusco y caí aparatosamente dando gritos lacerantes. Seguro de mi debilidad, emprendió la huida, rozándome casi. En ese momento, con rapidez extrema y efecto sorpresa, pude inmovilizarlo. Los refuerzos aparecieron enseguida.

La pobre señora no se cansa de agradecerme la vida del hijo. Yo me arrepiento de haber hecho lo correcto cada vez que la veo arrastrar andador y secuelas hacia el presidio los días de visita.

 

03 DESPERTAR (Puri Rodríguez)

“La ignorancia es la peor desgracia para cualquier sociedad”, dijo Platón en el siglo V a.C., o sea, hace ya un rato.

Ignorancia es mentir, conociendo la verdad. Es distraer la memoria y tropezar en la misma piedra. Es desviar la vista cuando alguien que sufre, te mira. Es darse un tiro en el pie votando ideologías a las que tú les importas un mojón. Es elegir el “tú o yo” en lugar del “tú y yo”.

Inteligencia es reflexionar para revertir todo eso. Es tener conciencia de que el lugar de nacimiento es puro azar. Es considerar que cualquier ser humano merece ser feliz. Es saber compartir en vez de acaparar. Es no ser cómplice de la injusticia y la violencia.

Coraje es enfrentar la oscura realidad para llegar a la verdad. Es tener el valor de defenderla contra quienes buscan robárnosla. Es denunciar el egoísmo y la indecente avaricia del tecno-oligopolio millonario que dirige el mundo. Es abrir bien los ojos y la mente para elegir la humanidad y no el odio.

¿Enseñará algo de esto la mediocre y elitista enseñanza privada?

Mucho nos tememos que no…

02. ROYAL GIFT (Jesús Alfonso Redondo Lavín)

En la película de John Ford, “La Diligencia”, la voz rota del mayoral Buck (Andy Devine) azuzaba a las mulas, Paloma y Caprichosa, tratando de huir de los Apaches de Gerónimo. (Quizás fuesen yeguas, bueno, da igual).

Buck desconocía que aquellas mulas eran descendientes de un burro zamorano que el rey Carlos III regaló a George Washington.

George, como agricultor, sabía de la calidad de las recias mulas españolas engendradas por asnos garañones de exportación vetada por el reino español.

En una campaña militar comentó su deseo a sus aliados militares españoles. El ruego llegó a la Corona y un soldado, Juan Téllez, conocido por su coraje, se encargó de acompañar a pie y pezuña a un garañón zamorano desde Roales (Zamora) hasta el puerto de Bilbao. La Compañía Gardoqui sufragó el viaje naval del pollino y de Juan hasta Gloucester.

Con gran alborozo recibió George en su finca de Mount Vernon al soldado y al borrico al que bautizaron como Royal Gift.

No sé si Téllez tuvo que hacer de mamporrero para mostrar la calidad del rucio, pero se cuenta que una vez cubiertas a satisfacción las yeguas de George, este, alquilaba los servicios del zamorano a 5 guineas.

01 ETERNA PRIMAVERA

Ya le habían advertido de que el verdadero tamaño de un gigante se mide por el miedo que despierta, pero ella se sentía fortalecida tras soportar los primeros envites. Y más ahora que  su abogada había conseguido contactar con un periodista de un diario importante que estaba dispuesto a publicar una detallada noticia. Galerías Veracruz había despedido a Berta después de haberla maltratado con turnos, enredos y mostradores incómodos durante meses, por la oculta represalia de haberse afiliado a uno de los sindicatos no afines a la empresa.

Tras un par de entrevistas en el que expuso las artimañas empresariales para castigar su independencia, el artículo parecía terminado y el periodista , un semana después, les advirtió que la publicación ocuparía la página 14 o 15 de la edición del jueves.

Y ese día compró el periódico y encontró que la página 14, y la 15 también, la ocupaba un enorme anuncio gráfico proclamando  que “Ya es primavera en Galerías Veracruz”.

108 La vida

Estaba tan lleno de ti que no te valoraba. Hasta que empecé a perderte. No me daba cuenta, pero poco a poco me fuiste privando de algunas cosas, como oír mi nombre y bajar a la cocina en un santiamén para disfrutar de un copioso desayuno amenizado con buena música de fondo. Después me empapaba con esas revistas que aparecían dispersas por la casa.

Echo de menos cuando todo funcionaba bien, porque eras tú quien se ocupaba de que todo estuviera en orden. Y aunque me hayas ido apagando, voy a luchar por ti, voy a recuperarte, aunque sea un poquito. 

Hoy saldré a la calle. Le diré al chico que quite el polvo a la silla de ruedas. Primero iremos a la farmacia. Recogeremos las pastillas para la diabetes, la depresión, la osteoporosis y la hipertensión. Después, a la óptica, a encargar unas gafas nuevas y mi primer sonotone. 

107. Ciclos

Cuando llega el viento de marzo, lo desordena todo. Revuelve la melena de Rosaura mientras mira cómo se alejan, en un jeep destartalado, la Chispa y el Marcelo, en quién había puesto tantas ilusiones. Desbarata las tablas de la silla de Martín, pero no el esqueleto herrumbroso que las ha soportado tanto tiempo, que permanece allí, varado en la arena, como el casco mortecino de un navío. Cuando llega el viento de marzo un silbido fino se cuela por la masilla cuarteada que soporta los cristales y embarulla el parloteo de las casas, confunde el ladrido de los perros con el zumbido atroz de los mosquitos y disfraza el olor de las cocinas con el bálsamo gris que emerge de las cañerías. Cuando llega el viento de marzo, arrambla por el cementerio, desdibuja el rostro marmóreo de vírgenes y crucificados, juguetea con los nombres de las lápidas, cambiándolos de sitio, y escribe sobre ellas disparatados epitafios. Cuando el viento de marzo desparece por el horizonte, llega la lluvia de improviso, sigilosa, como le llega la muerte a los ancianos. Los lagartos regurgitan sus miserias, mientras asoma la luna en la ladera, y tañen las campanas a destiempo.

106. LA CASA EN ORDEN

Nunca discutimos delante de nadie.
Nuestros amigos dicen que somos una pareja envidiable: nos terminamos las frases, recordamos los cumpleaños y sabemos exactamente dónde está cada cosa. Si alguien necesita unas tijeras, el otro siempre sabe dónde están; y antes de que se acabe el hielo, ya hemos comprado otra bolsa.

Pero mantener el orden no es fácil. Por la noche, antes de acostarnos, lo revisamos todo.
Cada cosa debe estar en su sitio. Los cuadros bien alineados, los platos limpios, los cojines simétricos, la mancha de sangre oculta bajo la alfombra y la puerta del cuarto de invitados bien cerrada.

105. PASIÓN POR TU DESORDEN

En la pandilla todos los chicos teníamos novia formal. La mía era Julita, una chica monísima que colocaba todo en el lugar correcto: la melena recogida en una coleta, el largo de la falda justo por encima de la rodilla y mi deseo a no menos de diez centímetros de sus caderas.

Aquel verano conocimos a Marina. Nadie del grupo sabía a qué hora iba a aparecer, pero siempre la precedía un bullicio de risas rompiendo el silencio de las calles. En la playa se quitaba sin pudor la camiseta, los vaqueros y el sujetador dejando atrás una amalgama de ropa y arena para salir corriendo en bragas hacia la orilla. Mientras Julita me ponía protección solar en la espalda, yo entrecerraba los ojos y me imaginaba saltando entre las olas con Marina, enredado en el caos de su pelo y de sus piernas.

La noche del concierto en el polideportivo la busqué sin descanso, a ratos la encontraba bailando a mi lado para luego perderla entre la multitud. Al terminar el último bis la vi marcharse con los músicos de la banda, abrazada al batería. Me lanzó un beso desde lejos. Nunca estuvo tan guapa. Ni yo tan triste.

 

104. Mecanismo de supervivencia

Al talar el último árbol del bosque encantado los vimos por última vez. Hileras de gnomos gruñones brotaron de las raíces muertas. Enjambres de diminutas sílfides, que primero confundimos con luciérnagas, revoloteaban histéricas en busca del nido del Ave Fénix. Al ratoncito Pérez lo reconocimos enseguida, arrastraba un infinito collar de dientes de leche que, sin suerte, trataba de desenredar de las ramas tronchadas. Papá Noel acudió con su manada de renos al rescate. Tras un aterrizaje forzoso, los viejos, los enfermos y las crías subieron temblorosos a los trineos. Las hadas madrinas los acurrucaron sobre sus regazos en un intento inútil de calmar sus miedos. Los demás caminaban en silencio, arrastrando cofres donde habían arrojado sin orden ni concierto los libros ancestrales, las capas voladoras, las varitas y los polvos mágicos, las pócimas del amor y los ungüentos de la suerte. Seguían a los Reyes Magos, que discutían acalorados sobre el rumbo a seguir tras haber perdido de vista la estela luminosa del astro guía. 

Madres y padres, asustados por las trágicas consecuencias de aquella migración, inventaron todo lo demás.

103. EMOCIONES DE ATREZZO

Heredó del padre una especie de síndrome de Diógenes semicontrolado, que defendía con orgullo y dignidad. Muy consciente de la realidad, deseaba conservar la memoria de un añorado pasado que se resistía a abandonar. Un “por si acaso” de pruebas fehacientes en caso de enfrentarse a un juicio imaginario en el que, llegado el momento, pudiera demostrar su verdad.

Iris había erigido un panteón en vida, delicadamente ordenado entre flores muertas, cajas hermosas y letras vivas. Un desorden inspirador que parecía obedecer a una lógica invisible. Fragmentos de vida abocados a una anhelada extinción.

Al abrir la puerta de casa, bastaba un parpadeo para entenderlo. La música era lo primero que asomaba. Sobre un aparador blanco, a modo de altar, rendía tributo a la música con una radio Marconi de los años 60, discos, fotos, púas o baquetas de diversos eventos.

De joven se reconocía en dos letras que aún forman parte de su banda sonora, “Desordenada habitación”, de Antonio Vega y “Entre mis recuerdos”, de Luz Casal.  Además, tenía el presagio de que el día que el orden rozará la perfección, el mundo se detendría.

Tal vez por eso tendía a la procrastinación del minimalismo en su hábitat.

 

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